La economía mexicana ha avanzado considerablemente en decenios recientes. Se ha progresado, y ello se ha hecho con rapidez. En la actualidad, el ingreso por habitante supera ya la cifra de 450 dólares, contra sólo 69 dólares hace apenas veinticinco años. Este desempeño tan alentador ha derivado de una revolución agrícola, industrial y de servicios, que ha llevado a la economía a niveles de operaciones que acusan ya una eficiencia aceptable en términos generales. En el proceso, se ha reforzado y ampliado nuestra planta industrial; se ha difundido y perfeccionado el sistema distributivo; se ha fortalecido el sostén de la agricultura de las otras actividades primarias.