Algunas de las palabras que voy a dirigirles a ustedes antes de referirme a la Universidad de las Américas, están tomadas del libro de Michael Novak titulado El Espíritu del Capitalismo Democrático. De todos los sistemas de economía política que han moldeado nuestra historia, ninguno ha revolucionado las expectaciones de la vida humana como alargar el tiempo de vida, eliminar la pobreza y la hambruna, agrandar la cantidad de satisfactores que el ser humano puede seleccionar, como el capitalismo democrático. Recuérdense las sociedades del Imperio Romano, contémplese las potencias católicas y protestantes del siglo xvii coloniales y mercantilistas. Examínense las muchas formas de vida del socialismo del día de hoy, todos estos sistemas de economía política han tenido sus admiradores teológicos; pero ningún teólogo, cristiano o judío ha comprobado el significado teológico del capitalismo democrático. Considérese en contraste la importancia de Marx y Engels dada a la revolución capitalista: la burguesía durante su mandato de poco más de 100 años, ha creado más masiva y colosal fuerza de producción que todas las generaciones anteriores juntas.