El desarrollo económico entraña agudas transformaciones estructurales. México se ha desarrollado aceleradamente en los últimos años y ha soportado, en consecuencia, muchas de esas transformaciones. Una de ellas, cuya trascendencia es difícil exagerar, lo constituye el reconocimiento que la opinión pública poco a poco le va concediendo a la empresa, en su calidad de fuerza motriz del progreso. No hace mucho, hace apenas unos cuantos decenios, la empresa y los empresarios padecían una situación distinta. A los ojos del público y hasta de las autoridades, constituían simples instrumentos de enriquecimiento y de abuso para con una comunidad indefensa e ingenua.